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Con el fenómeno de la globalización (o de la “glocalización”, como Roland Robertson ha denominado al entramado indisoluble de las presiones “globalizadoras” y “localizadoras”), la potencia soberana de los Estados nacionales ha iniciado un proceso de erosión que lo guía hacia su extinción, al menos en los términos en que lo hemos conocido.

Michael Hardt y Toni Negri sostienen que “el éter es el tercer y fundamental medio de control imperial”, básicamente por la capacidad de los sistemas contemporáneos de comunicación para corroer la territorialidad propia de los Estados soberanos.

El éter (del latín aether, y este del griego αθρ) puede tener un sentido multívoco y su utilización puede resultar altamente simbólica. Entre algunos de estos sentidos, concepciones y caracterizaciones, se destacan:

· En la mitología griega representaba la personificación del “cielo superior”, el espacio y el paraíso;

· Para una hipótesis física, es un fluido sutil, invisible, imponderable y elástico que llena todo el espacio, y por su movimiento vibratorio transmite la luz, el calor y otras formas de energía;

· Robert Fludd sugirió que el Éter era “más sutil que la luz”;

· También se ha dicho que la “sutileza” del Éter resulta de su propiedad no inercial o de ausencia de masa, y la “invisibilidad” de su naturaleza oscura o no fotónica;

· Algunos poetas lo utilizaron para simbolizar una esfera aparente que rodeaba a la Tierra;

· La noción química no tiene relevancia para la utilización simbólica que han hecho los autores precitados.

En realidad, Hardt y Negri, lejos de brindar una concepción clara sobre lo que el éter es, se limitan a alegar que “todo esto (comunicación, educación, cultura e información), sin embargo, se disuelve en el éter”, abriendo el juego a la creatividad intelectual del lector.

Descreo de la existencia de una ecuación premeditada para lograr la dominación de los pueblos, más bien confío en la presencia permanente de un entramado de intereses en continua negociación que, observados en un plano dinámico, generan subyugación. Ahora bien, de las herramientas disponibles para lograr estas ataduras, el sistema de medios de comunicación es claramente el más sutil, y por ello también, el más efectivo y macabro.

En un limbo de información infinita, en permanente circulación y sin obstáculos espacio-temporales que la detengan, el éter representa esa “iluminación general la que baña a todos los colores y modifica su particularidad” (Carl Marx descontextualizado).

El éter se consolida como una forma de ejercicio del poder y conjuga dos características esenciales para la dominación, la omnipresencia y la sutileza y, en estas condiciones, el individuo es devorado por el abismo del “Uno y Todo” (Baruch Spinoza)...

Entiendo el éter, en última instancia, como el contexto generado por la circulación masiva de datos e información, que colabora en obnubilar la percepción de la realidad y funciona a modo de una coraza impenetrable. La información global parece ahogar todos los sonidos y pensamientos locales.

Este dispositivo de ejercicio del poder, maximizado exponencialmente con el surgimiento de la televisión primero y luego a través de la web, ha sido bautizado por Thomas Mathiesen como el “Sinóptico”, en contraposición al “Panóptico” de Michel Fouccault.

“El panóptico de Jeremy Bentham es una composición arquitectónica de cuño coercitivo y disciplinario: posee la forma de un anillo donde la construcción queda en la periferia, dividida en celdas, teniendo al centro una torre con dos grandes ventanas que se abren hacia su interior y otra única para el exterior permitiendo que la luz atraviese la celda de lado.” (Michel Foucault).

El autor concibe la utilización de las técnicas panópticas como una función para el ejercicio del poder, canalizada a través de la vigilancia y la disciplina y de utilización práctica en casi todas las grandes instituciones de la modernidad (hospitales, cárceles, escuelas, plantas industriales, ejércitos, etc.).

“El panóptico significó una transición fundamental de una situación en la que los más vigilan a los menos a otra donde los menos vigilan a los más”. (Thomas Mathiesen)

Para este último autor, las bases de datos cumplen funciones distintas a las asignadas tradicionalmente al panóptico. Éste era un instrumento de optimización del dominio territorial. La modernidad tardía ha creado sus propios instrumentos, que en algunos casos, funcionan en un sentido inverso al panóptico. Es el caso del sinóptico que integra a los medios de comunicación tradicionales y los surgidos de las nuevas tecnologías de la información. Este dispositivo, global por naturaleza, invierte las relaciones entre vigilantes y vigilados, ya que forma un medio interactivo unidireccional. Mientras el panóptico funcionaba mediante la coerción que obligaba a los individuos a permanecer en un cierto espacio para ser vigilados, el sinóptico los seduce para permanecer capturados como observadores. En dicho proceso son formados como consumidores, que crean su identidad a partir del menú de los estilos de vida.

“Los espectáculos ocupan el lugar de la vigilancia sin perder nada del poder disciplinario de su antecesora”. (Thomas Mathiesen)

Los Estados soberanos solieron monopolizar el sistema de comunicaciones y en esta posición pudieron forjar, sin injerencias y a voluntad, la cultura y la educación de las Naciones que acogían territorialmente (incluso gracias a este monopolio, pudieron erigirse los grandes nacionalismos… que hoy dudo, puedan volver a consolidarse). En la actualidad, han sido despojados de esta potestad y, naturalmente, la disponibilidad de la herramienta ha sido distribuida entre unos pocos actores globales. La víctima directa de este enroque es el individuo.

Así, la transmisión masiva de datos e información es la meta para sofocar el pensamiento, el éter es ese contexto imperceptible que la oculta, y el sinóptico es el mecanismo de ejercicio del poder en sí.

“En el Sinóptico, los locales observan a los globales. La autoridad de estos últimos está asegurada por su misma lejanía; los globales están literalmente “fuera de este mundo”, pero revolotean sobre los mundos de los locales de modo mucho más visible, constante y llamativo que los ángeles sobre el antiguo mundo cristiano: simultáneamente visibles e inaccesibles, excelsos y mundanos, muy superiores pero dejando un ejemplo luminoso para que los inferiores lo sigan o sueñen con seguirlo; admirados y codiciados: una realeza que guía en lugar de gobernar”. (Zygmunt Baumann)



Esteban Torroba

2 Response for the "Éter, Panópticos y Sinópticos."

  1. Anónimo says:

    Interesante!

  2. Anónimo says:

    imeperio sutil!